Dos caracoles de metal reciclado se integran en la zona de ocio y deportiva de Los Molinos, en Puntallana. Sus conchas son tapacubos blancos de automóvil, desgastados y oxidados; sus cuerpos, chapas y varillas forjadas a mano; y sus ojos, pequeñas tapas cromadas que brillan contra el hierro envejecido. La elección del caracol mantiene un vínculo con el agua, la humedad, la piedra y la vegetación, elementos muy presentes en la memoria y el paisaje de Puntallana. Desde este nuevo emplazamiento, la obra funciona también como una invitación a continuar caminando por el municipio y descubrir otros lugares ligados a su historia cotidiana y a su patrimonio. Uno de esos espacios es La Fuentiña, antiguo lugar vinculado al lavado de la ropa y a la vida comunitaria. Los primeros lavaderos eran simples lajas de piedra en los cauces de los barrancos; con el tiempo se acercaron a los núcleos habitados y, a mediados del siglo XIX, los lavaderos públicos pasaron a convertirse en espacios de trabajo y encuentro. La Fuentiña conserva la memoria de esa tradición. La visita puede continuar por el entorno de Casa Luján, la Fuente de San Juan, la iglesia y otros puntos del casco de Puntallana. Así, los caracoles no señalan únicamente un lugar: proponen detenerse, observar y recorrer el municipio para relacionar arte contemporáneo, paisaje y patrimonio. Desde Herrumbre Vivo creemos que los materiales tienen muchas historias que contar. La oxidación no se oculta: es el tiempo, el uso y el ciclo de vida de las piezas que ahora adquieren una nueva función mediante el arte. Los Caracoles de Los Molinos pueden ser el punto de partida para seguir recorriendo a pie otros lugares del municipio y descubrir cómo el patrimonio, los espacios cotidianos y el paisaje forman parte de una misma historia.
Two recycled-metal snails are installed in the Los Molinos leisure and sports area in Puntallana. Their shells are worn, oxidised white car hubcaps; their bodies are hand-forged sheets and rods; and their eyes are small chrome caps that gleam against the aged iron. The choice of the snail maintains a connection with water, humidity, stone and vegetation, elements strongly present in Puntallana's landscape and memory. From this new location, the artwork also invites visitors to continue walking through the municipality and discover other places linked to its everyday history and heritage. One of these places is La Fuentiña, traditionally associated with washing and community life. The earliest washing places were stone slabs in ravine beds; later, public washhouses moved closer to inhabited areas and became both workplaces and meeting points. The visit can continue around Casa Luján, Fuente de San Juan, the church and other sites in Puntallana. The snails therefore do more than mark a location: they encourage visitors to pause, observe and explore the municipality through art, landscape and heritage. At Herrumbre Vivo we believe materials have many stories to tell. Oxidation is not hidden: it is time, use and the life cycle of materials given a new purpose through art. From Los Molinos, the artwork invites visitors to continue on foot towards Casa Luján, La Fuentiña, Fuente de San Juan, the church and other places that help explain Puntallana's heritage and daily history.
Deux escargots en métal recyclé sont installés dans la zone de loisirs et de sports de Los Molinos, à Puntallana. Leurs coquilles sont des enjoliveurs blancs usés et oxydés ; leurs corps sont faits de tôles et de tiges forgées à la main. Le choix de l'escargot conserve un lien avec l'eau, l'humidité, la pierre et la végétation, des éléments très présents dans le paysage et la mémoire de Puntallana. Depuis Los Molinos, l'œuvre invite aussi à poursuivre la découverte de la commune à pied. Parmi les lieux à découvrir figurent Casa Luján, La Fuentiña, la Fuente de San Juan, l'église et d'autres espaces du centre de Puntallana. La Fuentiña conserve notamment la mémoire des anciens lavoirs, à la fois lieux de travail et de rencontre. Chez Herrumbre Vivo, l'oxydation n'est pas cachée : elle raconte le temps, l'usage et le cycle de vie des matériaux. Depuis Los Molinos, l'œuvre invite à poursuivre la promenade vers Casa Luján, La Fuentiña, la Fuente de San Juan et d'autres lieux du patrimoine local.
Zwei Schnecken aus Recyclingmetall befinden sich in der Freizeit- und Sportzone Los Molinos in Puntallana. Ihre Gehäuse bestehen aus verwitterten weißen Radkappen, ihre Körper aus handgeschmiedeten Blechen und Stäben. Die Schnecke bleibt mit Wasser, Feuchtigkeit, Stein und Vegetation verbunden – Elemente, die in Landschaft und Erinnerung Puntallanas stark präsent sind. Von Los Molinos aus lädt das Werk dazu ein, die Gemeinde zu Fuß weiterzuentdecken. Zu den Orten, die auf diesem Weg entdeckt werden können, gehören Casa Luján, La Fuentiña, Fuente de San Juan, die Kirche und weitere Punkte im Ortskern. La Fuentiña bewahrt dabei die Erinnerung an die alten Waschplätze und ihre Bedeutung als Arbeits- und Begegnungsorte. Bei Herrumbre Vivo wird die Oxidation nicht verborgen: Sie erzählt von Zeit, Gebrauch und dem Lebenszyklus der Materialien. Von Los Molinos aus lädt das Werk dazu ein, weiter durch Puntallana zu gehen und Orte wie Casa Luján, La Fuentiña und die Fuente de San Juan zu entdecken.